How music works. Ritmo Parte 4, subtítulos español
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Nuestra caja de herramientas rítmicas está casi completa.
Contiene pulso, tempo, acento, síncopa y ritmos cruzados.
Corresponde ahora divertirnos con todos estos materiales.
Iremos a un lugar cálido y musical donde todas estas técnicas rítmicas
se han fusionado en un magnífico crisol de estilos: africano, europeo y latino,
a la cuna del ritmo del siglo veinte: Cuba.
A principios del siglo XX, cuando el ragtime y el blues
daban nacimiento al jazz en el continente americano
otra forma musical se hacía popular en la isla caribeña de Cuba.
Esta forma se conoció como "son" y a partir de él
se desarrolló un extraordinario arcoiris de danzas:
danzón, rumba, guagancó, yambú, bossanova, mambo,
conga, chachacha, y finalmente, salsa.
Estas formas tendrán una enorme influencia
primero en las Américas, y luego cruzarán
innumerables géneros populares en todo el mundo.
¿Qué tenía este ritmo cubano que lo hacía tan seductor?
Primero, los cubanos fusionaron los ritmos cruzados de los tambores africanos
con las armonías de estilo europeo, luego agregaron
sus propios instrumentos de percusión locales.
En segundo lugar, se trataba de un tipo de síncopa que, nacida del son,
creó luego un sencillo estilo propio que resultó irresistible
para el mundo del recién pasado siglo veinte.
Esta síncopa es ahora tan común en la música popular
que casi se olvida que sus raíces son cubanas.
Se trata de algo así como una imagen espejo del swing en jazz,
no tiene nombre, pero esto es lo que hace:
En el jazz, vimos cómo Fats Waller, Louis Armstrong u otros
preferían retrasar un poco la melodía para flexibilizarla
ante al pulso estricto de cajas y tambores.
En el son cubano, la elasticidad va en el sentido contrario:
se va anticipando al pulso principal, no retrasando.
Ejemplifiquemos esto con tres chicas que corren:
Imaginemos que la corredora del medio es la que lleva el paso
avanzando a un ritmo fijo y regular.
Por el carril interno, la corredora 2 trata de no perderla pero va un poco detrás del pulso
la corredora 2 semeja el swing en el jazz.
La corredora 3, por otra parte, tiene un poco de sangre cubana:
va un poco delante del paso, el equivalente al ritmo del son cubano.
En el son cubano, se adelantan dos cosas: la melodía y el bajo.
Es generalmente aceptado que el hecho de que el bajo se adelante es una de las razones
por las cuales se considera al son el punto de partida de un sinfín de piezas bailables:
te empuja, simplemente, a mover los pies.
Un son muy conocido es "En Guantánamo", de Ignacio Piñera,
uno de los pioneros del son de La Habana.
En este son, la melodía y el bajo se anticipan al pulso principal.
Así es como sonaría la melodía SIN el ritmo adelantado
Y así suena CON él...
Ahora agregaré el bajo, tocado estrictamente a tiempo
Pero en el verdadero son, el bajo también es empujado hacia delante, así...
La mayoría de los ritmos potentes hacen bailar a la gente
pero el ritmo con síncopa cubana con el bajo saltando hacia delante lo convierte en un juego.
El sinuoso ritmo de la música encaja perfectamente
con el sensual "cuerpo a cuerpo" del baile cubano.
Si todo esto hubiese quedado confinado a la isla de Cuba
con sus once millones de habitantes no habría pasado nada
pero la realidad es que ahora hay billones de personas en todo el mundo
que disfrutan de este golpe cubano, incluso sin saberlo.
En algún momento de los años sesenta, el estilo latinoamericano
de fusionar melodías se expandió como el fuego, el son mediante.
Hoy, el estilo cubano de empujar la melodía con una línea vocal
que va siempre un poco adelante del pulso
se ha hecho tan común en música popular
que las canciones que no lo llevan suenan raras, aburridas.
Imaginemos cualquiera de nuestras canciones populares favoritas
sin el "impulso" latino.
Por ejemplo, "Killing me softly with this song", que cantó Roberta Flack
en los sesenta y los Fugees en los noventa.
Primero, la escucharemos sin la inspirada síncopa cubana.
Escuchémosla ahora con el sutil "empujoncito", por delante del pulso.
La diferencia es sorprendente.
A continuación, finalizaremos nuestro viaje con una lección de ritmo
a cargo de uno de los grandes de la música popular, Stevie Wonder.
La influencia de Latinoamérica en la música popular moderna despuntó
en la década de los setenta con el trabajo de uno de los más grandes
compositores vivos de música popular.
Entre 1972 y 1976, Stevie Wonder produjo una serie
de álbumes íconos donde combinó de manera brillante
los ritmos latinos con la música soul afroamericana.
Este trabajo fue abrazado con tal entusiasmo por el público de disquerías
y tuvo tan profundo impacto en otros músicos
que hoy resulta imposible imaginarse la música negra moderna
sin la mano maestra de Wonder detrás de la música
de todos los grupos que hoy pueden escucharse, rap incluido.
En "Don´t you worry 'bout a thing", del álbum "Inhibitions"
Stevie Wonder nos ofrece una clase magistral de ritmo
reconociendo su deuda con la música cubana y brasileña
así como con la música negra que resultó
del jazz, el swing y el soul. Todas las técnicas rítmicas
que hemos visto hasta ahora, desde el pulso a la síncopa
están presentes en esta sola canción.
La canción comienza con una serie de acordes en piano
aparentemente irregulares, breves y enérgicos, de modo que
se establece una clara brecha entre los sonidos.
Antes que entre la percusión, el pulso está implícito
como lo estaba en la pieza de Dvorak ya escuchada.
Stevie Wonder juega con el hecho de que él y nosotros, los oyentes,
poseemos un instinto que nos dice dónde debe
caer el pulso, aun cuando no lo escuchemos.
Haremos que el metrónomo lleve el ritmo de este pulso oculto
y lo acompañaremos con acordes de piano.
Lo que Stevie está haciendo es elegir cuidadosamente
los momentos en que se golpea, y ahora mostraré
de dónde saca estos patrones.
Primero, tenemos que subdividir el pulso básico
y obtener dos golpes más cortos por cada pulso.
Todos los acordes del piano, aparentemente aleatorios,
caen en una de estas pulsaciones más cortas.
A mis espaldas, están representadas por dieciséis luces que sólo
se encienden cuando los acordes caen justo sobre ellas.
Así como avanza la canción, más y más de estas cortas pulsaciones
se activan mientras más y más elementos de percusión se unen al esquema.
Hemos subdividido el pulso y asignado al piano los acentos.
Cada vez que el patrón inicial se repite
otro instrumento de percusión se suma
enriqueciendo la textura y creando
una pátina de ritmos cruzados.
Finalmente, cuando entran las voces
la melodía empuja el fraseo
un poco delante del pulso, al más puro estilo cubano.
Así sonaría la canción sin el empuje latino...
Con la breve anticipación, en cambio, Stevie Wonders
la transforma en un cálido y animado arrullo.
Estoy completamente seguro de que a Juan Sebastián Bach
allá en la Sajonia del siglo XVIII, él mismo un amante de
la síncopa, del desplazamiento de acentos
y de los patrones hipnóticos repetidos,
le habría encantado todo esto.
Después de todo ¿qué ser humano puede resistirse
al atractivo de un ritmo grandioso?
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